Apuntes sobre el arte de escribir cuentos (por Juan Bosch)

El cuento es un género antiquísimo, que a través de los siglos ha tenido y mantenido el favor público. Su influencia en el desarrollo de la sensibilidad general puede ser muy grande, y por tal razón el cuentista debe sentirse responsable de lo que escribe, como si fuera un maestro de emociones o de ideas.

Lo primero que debe aclarar una persona que se inclina a escribir cuentos es la intensidad de su vocación. Nadie que no tenga vocación de cuentista puede llegar a escribir buenos cuentos. Lo segundo se refiere al género. ¿Qué es un cuento? La respuesta ha resultado tan difícil que a menudo ha sido soslayada incluso por críticos excelentes, pero puede afirmarse que un cuento es el relato de un hecho que tiene indudable importancia. La importancia del hecho es desde luego relativa, mas debe ser indudable, convincente para la generalidad de los lectores. Si el suceso que forma el meollo del cuento carece de importancia, lo que se escribe puede ser un cuadro, una escena, una estampa, pero no es un cuento.

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Poema 12 (Los Amantes)

Oliverio Girondo fue un poeta argentino que revolucionó la estética de su país, a través de una obra que incorporó las principales corrientes vanguardistas. Se convirtió en una de las principales figuras de la renovación literaria de los años veinte y treinta. Fue uno de los jóvenes miembros de la vanguardia poética argentina, junto al inmenso Jorge Luis Borges y Raúl González Tuñón.

A este autor lo descubrí en una de las tertulias literarias que organiza Cronopio | Café con Libros y de inmediato captó mi atención. El poema que quiero presentar en esta entrada se desprende de la colección «Espantapájaros» publicado en 1933. Veinticuatro versos endecasílabos, sencillos, pero potentes, con una pizca de erotismo, donde se esbozan las virtudes, las miserias y las fortunas de los amantes.

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.

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8 Imprescindibles de la canción de autor dominicana

República Dominicana, país situado en el mismo trayecto del sol, desde tiempos inmemoriales ha contado con grandes cantautores que han puesto, y siguen poniendo, en lo más alto el nombre de la patria que Duarte soñó. En esta entrada, comparto las que a mi juicio han sido las canciones más trascendentales y emblemáticas del género de autor.  Ocho canciones, sin ningún orden en particular, que de una u otra forma se han impregnado durante generaciones en la memoria colectiva de la sociedad dominicana.

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Cecilia Picarín (Fragmento)

A continuación comparto un fragmento del relato de mi autoría «Cecilia Picarín», perteneciente a la colección inédita «Hijas de Lilith».

De continuar observando de cerca a Cecilia, esta vez profundizando un poco más, hubiese saltado de inmediato a la vista otro par de cualidades: lo atenta y servicial que era con todos los que la rodeaban. Jamás sus labios o sus gestos manifestaron objeción las muchas veces que le fue pedido un favor. Que si el desayuno, que si la comida, que si la merienda, que si un antojito, que si la lotería, que si la farmacia, que si la ferretería… A todo y a todos atendía con igual gusto y disposición. Trajinaba tanto de aquí para allá que se ganó el apodo Picarín, porque «picaba más que una pelota de pimpón». Ella, de su parte, también se refería a los demás de igual manera. Si se lo pedían, y numerosas veces hasta sin pedirlo, hacía esos trabajos de oficina que nadie quiere hacer: organizar las polvorientas pilas de cheques y facturas, revisar y organizar los cajones de archivos, mover cajas más pesadas de lo que cualquier otra mujer podría aguantar… La lista borda el infinito. Sin duda alguna, era una mujer de grandes virtudes. Huelga decir que las personas virtuosas esconden, por lo general, al menos un gran defecto. La inestabilidad emocional es el aludido en este caso. En los momentos difíciles se derrumbaba por dentro. Y para una mujer de su condición —que pasaba ya del medio centenar de años, que estaba cerca de jubilarse y no poseía ahorros importantes, que tenía dos hijos varones que aunque estaban en edad legal para trabajar dependían exclusivamente de sus ingresos, que convivió muchos años en unión libre con un hijo de puta que terminó abandonándola— resulta imposible negar que las dificultades formaban parte integral de la vida. Hacía grandes esfuerzos en guardar las apariencias, a pesar de que son muchos los problemas cotidianos que ya de por sí afectan a la clase trabajadora. En el caso que nos corresponde es debido sumar uno más. La ingenua Picarín había desarrollado un gran vicio. Uno que solo salió a flote cuando fue demasiado tarde. ¿Quién, en su sano juicio, hubiera percibido síntoma alguno de ludopatía en la siempre humilde, atenta y trabajadora conserje? Sin embargo, los fines de semana se le veía con devota regularidad en las instalaciones de un gran casino. Siendo este el principal motivo por el cual comenzó a endeudarse hasta más no poder.

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Canciones Para Rameras

Mujeres apartadas, denigradas, vilipendiadas, estigmatizadas, sin más valor para la sociedad que el fruto rancio oculto (aunque no tanto) entre sus piernas. Fruto al que acude una ingente cantidad de hombres sedientos buscando saciar con su jugo los más bajos deseos carnales, buscando, más que nada, saciar su hombría. Sin embargo, desde los tiempos más remotos, estas flores nocturnas han sido las musas innombrables de una infinidad de poetas, juglares, trovadores, escritores, artistas, científicos, magnates, emperadores y en general, de hombres de todas las épocas, clases sociales e ideologías. Un caso famoso que no necesita explicación es el de María Magdalena, mencionado en La Biblia. Otro caso famoso es el de Teodora de Bizancio, que pasó de prostituta a emperatriz, al casarse con el heredero al trono del Imperio Bizantino.

Siempre me ha fascinado la idea de como estas doncellas de las tinieblas, habitualmente asociadas a la pobreza, a los vicios y enfermedades, han hecho brotar en los más variados hombres los más sublimes sentimientos. Muestra de ello son las canciones que quiero compartir en esta entrada. Cantautores de todas partes del mundo hispanoparlante le cantan a estas mujeres que con un grito silente siguen clamando que se les otorgue todo el honor y privilegios que durante toda la historia de la humanidad se les ha negado.

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Poema XII (Para mi corazón basta tu pecho)

Pablo Neruda (de origen chileno) es, sin temor a equivocaciones, el más universal de los poetas latinoamericanos, el autor con quien inmediatamente se relaciona la palabra poesía, y uno de los más destacados e influyentes artistas de su siglo. Gabriel García Márquez, coloso de la literatura latinoamericana, considera a Neruda como el más grande poeta del siglo XX no sólo en castellano sino en cualquier idioma.

Es por tal razón que quiero compartirles esta sublime creación poética perteneciente a la celebérrima colección Veinte poemas de amor y una canción desesperada.

Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.

Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.

He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto, como un viaje.

Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.

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¡Dominicana Despierta!

La próxima vez que pienses que nuestro país anda por mal camino, medita sobre quién escoge a nuestros dirigentes y quién los tiene acostumbrados a la impunidad.

Es más, lo haré más fácil: con tu voto escoges a quienes nos dirigen, con tu indiferencia los has hecho impunes.

Es tiempo de pasar factura, en los próximos comicios la abstención y el menos malo no deben ser opción. Es hora de ver más allá de la putrefacción tripartita dominante, es hora de ver más allá de la cajita de alimentos y las 500 monedas de Judas, es tiempo de ver más allá del mundanal ruido de campaña y enfocarnos en evaluar el plan de gobierno que se nos proponga, es hora de analizar las propuestas políticas y escoger bien nuestro futuro. Ten en cuenta que es prácticamente imposible obtener resultados notablemente diferentes utilizando siempre los mismos instrumentos.

Hago un llamado a la conciencia nacional, a los principios y valores de los inmortales héroes de esta patria heroica. No es posible posponerlo más, es hora de elegir con conciencia nuestro destino. Por un mañana rico en valores, en justicia; por un futuro brillante y sostenible. Es menester, ¡Dominicana despierta!

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Cuando siento no escribo

Cuando siento no escribo. Guardo, sí, en mi cerebro escritas, como en un libro misterioso, las impresiones que han dejado en él su huella al pasar; estas ligeras y ardientes hijas de la sensación duermen allí agrupadas en el fondo de mi memoria hasta el instante en que, puro, tranquilo, sereno, y revestido, por decirlo así, de un poder sobrenatural, mi espíritu las evoca, siento, sí, pero de una manera que puede llamarse artificial; escribo como el que copia de una página ya escrita; dibujo, como el pintor que reproduce el paisaje, que se dilata ante sus ojos y se pierde entre la bruma de los horizontes. Todo el mundo siente. Sólo a algunos seres les es dado el guardar, como un tesoro, la memoria viva de lo que han sentido. Yo creo que éstos son los poetas. Es más, creo que únicamente por esto lo son.

Gustavo Adolfo Bécquer
Poeta y narrador español
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Todos los hombres matan lo que aman…

Todos los hombres matan lo que aman… Unos matan su amor cuando son jóvenes, y otros cuando son viejos; unos lo ahogan con manos de lujuria, otros con manos de oro… Unos aman muy poco, otros demasiado, algunos venden y otros compran; unos dan muerte con muchas lágrimas, y otros sin un suspiro; pero aunque todos los hombres matan lo que aman, no todos deben morir por ello.

Oscar Wilde
Narrador, poeta, y dramaturgo irlandés
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Poema Que Se Asfixia

Son siempre buenos esos días en que la melomanía se siente aventurera y parte en busca de nuevos ritmos, nuevas rimas, nuevos versos. Fue, precisamente, un día como esos cuando descubrí al trovador que hoy vengo a compartirles. Desde entonces, es uno de los más habituales componentes de la rotación musical de mi audioteca. Adrián Gil «El Tigre» es profesional de la computación, fue profesor de literatura y gramática, su amor por el arte le llevó a desarrollar, también, dotes en artesanía y fotografía. Al día de hoy, ejerce como poeta y trovador. Un cantautor que ha sabido combinar con esmero tanto poesía y literatura con la música, constituyéndose como autor de culto.

Vengo a compartirles «Poema que se asfixia«, sublime tonada perteneciente al álbum «Arlequín«.

Soy un huracán ingenuo en tu red,
todo un vendaval acorralado en tu piel,
soy ese poema que se asfixia en tu agenda,
un asesino atropellado en el andén de tus caderas,
un lobo lazarillo, un grito de bolsillo,
un tigre sin colmillos si me besas.

Soy una extravagancia sin manual y sin leyenda,
un documento del alma sin membretes y sin fecha,
un viandante con guitarra prisionero en tu alacena,
un beso sin corbatas que no cabe en tu cartera,
soy lo que tú quieras,
tu arlequín del alba,
aunque a fuerzas no quepa en ese archivo
de los que te aman,
sólo soy el tonto que te escribe un poema.

Soy el chambelán mutante a tu ley.
me hago Dartacán si juegas a ser Juliette,
soy un Don Quijote cuando eres Dulcinea,
el duende clandestino que habita en tu guantera,
tu griego, tu vikingo, tu fiebre de domingo,
el broche de tu abrigo si te dejas.

Soy una extravagancia sin manual y sin leyenda,
un documento del alma sin membretes y sin fecha,
un viandante con guitarra prisionero en tu alacena,
un beso sin corbatas que no cabe en tu cartera,
soy lo que tú quieras,
tu arlequín del alba,
aunque a fuerzas no quepa en ese archivo
de los que te aman,
sólo soy el tonto que te escribe un poema.

Soy tu arlequín del alba,
esa triste alimaña que hiberna
si tú te alejas.

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